La succión digital, conocida comúnmente como el hábito de chuparse el dedo —generalmente el pulgar—, es una conducta frecuente en los bebés durante las primeras semanas de vida. En esta etapa inicial responde a un reflejo innato y natural. Sin embargo, a medida que el niño crece, este hábito debería disminuir progresivamente. Cuando persiste en el tiempo, puede convertirse en un problema importante que afecta al desarrollo bucodental, funcional y emocional del niño.
La continuidad de la succión digital provoca alteraciones en el paladar, que puede volverse estrecho, y afecta funciones esenciales como la deglución y el habla. Además, este hábito puede influir negativamente en el desarrollo físico y emocional del menor. Entre los problemas asociados también se encuentran la aparición de callosidades, eccemas irritativos y deformaciones visibles en el dedo que se introduce de forma repetida en la boca.
Con la erupción de la dentición temporal se produce un cambio en el patrón deglutorio. Es aproximadamente a partir de los cuatro años cuando los hábitos nocivos, como la succión digital persistente, comienzan a tener un impacto negativo más evidente en el desarrollo oral, favoreciendo la aparición de maloclusiones dentarias.
Las consecuencias de este hábito pueden manifestarse a distintos niveles. A nivel óseo, se observa un paladar estrecho, prognatismo superior —cuando el maxilar superior se desplaza hacia adelante debido a la presión del dedo— y retrognatia inferior, causada por la limitación del crecimiento de la mandíbula inferior. A nivel dental, es frecuente encontrar incisivos superiores adelantados, incisivos inferiores retraídos y mordidas cruzadas, tanto unilaterales como bilaterales.
En el ámbito muscular, la succión digital puede provocar hipotonía labial y un labio inferior hiperactivo, que realiza un sobreesfuerzo durante la succión y la deglución. A nivel fonético, se produce interposición lingual en reposo, es decir, una colocación incorrecta de la lengua entre los dientes cuando la boca está relajada, lo que puede afectar al habla.
Desde Ziving se destaca la importancia de la prevención precoz y de las revisiones periódicas para detectar a tiempo estos hábitos y ofrecer la solución más adecuada, favoreciendo un desarrollo oral saludable en los niños.